REFLEXIONES

PEQUEÑAS VERDADES.   una historia PARA REFLEXIONAR


Te cuento  un secreto, dijo mi hija de 4 años… “Lo esencial es invisible a los ojos”.
¿Qué decís Martina? La miré descolocado… Todavía no me podía abstraer de una pesada jornada laboral. Hacía apenas 10 minutos que había llegado a casa, todavía llevaba puesto los pesados zapatos de seguridad negro. Mi cabeza la tenía aún en la oficina sin desprenderse de un conflicto con un empleado, y la petisa de 4 años con sus ojitos brillantes diciéndome… ¡“Lo esencial es invisible a los ojos” papá!
No podía creer la situación, no sabía qué me quería decir Martina con esa frase…, la ignoré con un beso de compromiso y le dije que vaya a preparar no sé qué para sacármela de encima y tener tiempo para….  (Siempre hace falta tiempo para ¿?)
Mientras me quitaba la ropa del trabajo no dejaba de pensar en la conversación subida de tono que había tenido con un empleado en la oficina.
¿Cómo se atrevió a decirme esas cosas? ¡Qué desagradecido! Siempre la Empresa le pagó a término su sueldo o inclusive antes!! Nunca se le pidió que dé explicaciones por los días solicitados para hacer vaya a saber qué…! ¿Quién se cree que es??? Decirme a mí, YO QUE…
No podía salir de mi asombro.
Resulta que ahora  un tipo puede venir molesto y exigirme  que le preste atención porque hace más de 3 semanas que quiere conversar conmigo sobre un trabajo… y que aparte, salió bien!!! No se dará cuenta que tengo cosas más importantes que hacer”…
De pronto PUM… Otra vez el torbellino. De vuelta a la vida normal.  Mi hija encima mío, reclamándome que la escuche, que le lea un cuento, que haga esto, lo otro, que la peine, que la escuela, que un beso, y la cuenta sigue...
“¡No verá que estoy cansado! No verá que tengo otras cosas también importantes para hacer!”
No terminé de pensar esa idea que fue cómo un insight, una revelación, Arquímedes hubiera dicho EUREKA...! Estaba haciendo lo mismo con mi hija que lo que hacía con mi empleado… Ambos en algún punto se habían unido para que distantes en tiempo y distancia, me hicieran dar cuenta de que andaba distraído de lo importante.
No los registraba, no los miraba, estaba siendo indiferente. No estaba viendo lo importante.
....
Muchas  veces me sorprendo cómo los adultos nos hemos olvidamos con tanta facilidad de algunas cosas que son “realmente importantes”.  Pareciera que el personaje que asumimos para enfrentar el día a día nos obligara a asimilar algunas GRANDES VERDADES ERRADAS.
Cito algunas que pueden ser usadas con cualquier traje, por ejemplo:

•           Los hombres no lloran, deben ser fuertes.
•           Los Jefes/ Padres/ Líderes deben ser rectos porque si no todos hacen lo que quieren.
•           La amistad entre los hombres y las mujeres no existe.
•           Acá nos pagan para trabajar y no para pensar. Mejor no te metas, no vale la pena arriesgarse.
•           No digas lo que piensas sino lo que esperan escuchar.
•           Las mujeres no son buenas como líderes en espacios laborales.
•           Apúrate que se hace tarde. “No entiendo cómo pierden el tiempo en eso…”
•           Al que madruga Dios lo ayuda. 

Parece mentira, pero si reflexionamos un poco seguramente con alguna de las afirmaciones nos podemos identificar. Cada una de ellas (y otras más) hace que día a día nos alejemos de personas que son realmente importantes.

Por ahí, deberíamos aprender a ponernos en pausa de nuestras “obligaciones”  y darnos cuenta que a nuestras relaciones para mantenerlas vivas y sanas, deben ser alimentadas. No hay que olvidarse que el rol de “Padre, Líder, Amigo, Novio, Compañero” se constituye en relación con un otro que otorga la razón de ser.
 D13.
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El lago




El lago era muy profundo, con peñascos que se elevaban a ambos lados. Uno podía divisar la otra orilla, boscosa, con nuevas hojas primaverales; y aquella margen del lago era más escarpada, con más árboles y un follaje tal vez más espeso. Esa mañana el agua se hallaba en calma y su color era verde azulado. Es un bello lago. Había cisnes, patos y, ocasionalmente, un barco con pasajeros.
Como uno estaba de pie a la orilla, en un parque bien cuidado, se encontraba muy cerca del agua, un agua absolutamente incontaminada cuya estructura y belleza parecían penetrar dentro de uno. Se podía percibir el aroma del aire suavemente fragante y del verde césped, y había una sensación de unidad con ello mientras uno se movía
con la lenta corriente, con los reflejos y la quietud profunda del agua.
Era una cosa extraña experimentar una sensación tan grande de afecto, afecto no por alguna cosa o por alguien, sino la plenitud de lo que puede llamarse amor. Lo único que importa es sondear en la profundidad misma de ello, no con la pequeña mente tonta y sus incesantes murmullos del pensamiento, sino con el silencio. El silencio es el único medio o instrumento que puede penetrar en algo que elude a una mente contaminada.
Nosotros no sabemos lo que es el amor. Conocemos sus síntomas, el placer, la ansiedad, la pena, etcétera.
Tratamos de resolver los síntomas, lo cual se vuelve un vagar en medio de la oscuridad. Gastamos en esto los días y las noches, y pronto ello termina en la muerte.
Mientras uno estaba allí, a la orilla del lago, contemplando la belleza del agua, todos los problemas humanos, los problemas de las instituciones, la relación del hombre con el hombre (que es la sociedad), todo ello encontraría su lugar exacto si uno pudiera penetrar silenciosamente en esta cosa que llamamos amor.
Hemos hablado muchísimo sobre ello. Todo joven dice que ama a alguna mujer, el sacerdote a su dios, la madre a sus hijos, y por supuesto, el político juega con ello. En realidad, hemos estropeado la palabra cargándola de sustancia sin sentido, la sustancia de nuestros propios yoes estrechos y mezquinos. En este contexto pequeño,
limitado, tratamos de encontrar lo otro y, dolorosamente, retornamos a nuestra confusión y desdicha de todos los días.
Pero eso estaba allí, en el agua, en todo lo que había alrededor, en la hoja, en el pato que trataba de deglutir un gran trozo de pan, en la mujer inválida que pasaba... No era una identificación romántica ni una aguda verbalización racionalizada, sino que estaba allí, tan real como ese automóvil o ese barco.
Es lo único que dará respuesta a todos nuestros problemas. No, no una respuesta, porque entonces no habría más problemas. Tenemos problemas de todas clases y tratamos de resolverlos sin ese amor, y así se multiplican y crecen. No hay manera de aproximarse al amor o de retenerlo, pero a veces, si permanecemos al borde del camino
o junto al lago, observando una flor o un árbol o al granjero labrando la tierra, si permanecemos en silencio, no soñando ni fantaseando ni sintiéndonos cansados, sino en un intenso silencio entonces tal vez el amor llegue a nosotros.
Cuando llegue, no tratemos de retenerlo, no lo atesoremos como una experiencia. Una vez que nos toque ya no volveremos a ser los mismos. Dejemos que sea eso lo que actúe y no nuestra codicia, nuestra ira o nuestra justa indignación social. El amor es realmente muy bravío, indómito, y su belleza nada tiene de “respetable”.
Pero nunca lo queremos, porque sentimos que podría ser demasiado peligroso. Somos animales domesticados, dando vueltas en una jaula que hemos construido para nosotros mismos, una jaula con sus contiendas, sus disputas, sus imposibles líderes políticos, sus gurús que explotan nuestra vanidad y la de ellos mismos con gran refinamiento o con bastante crudeza. En la jaula podemos tener anarquía u orden, el que a su vez cede su puesto al desorden. Y esto ha continuado por muchos siglos, avanzando explosivamente y retrocediendo, modificando los patrones de la estructura social, terminando tal vez con la pobreza aquí o allá. Pero si establecemos que todo esto es lo más esencial, entonces perderemos lo otro.
Permanezcamos solos de vez en cuando y, si somos afortunados, el amor podría llegar a nosotros en una hoja que cae o desde aquel distante árbol solitario en medio de un campo vacío.


LAS DOS CIUDADES

La vida me tomó en sus alas y me condujo a la cumbre del Monte de la Juventud. Después me señaló a su espalda y me invitó a que mirase hacia allá. Ante mis ojos se extendía una ciudad extraña, de la cual emergía una humareda oscura de múltiples matices, que se movían lentamente como fantas­mas. Una tenue nube ocultaba casi completamente la ciudad de mi vista.
Tras un momento de silencio, exclamé:
-¿Qué es lo que estoy viendo, Vida?
Y la Vida me contestó:
-Es la Ciudad del Pasado. Mira y reflexiona.
Contemplé aquel escenario maravilloso y distinguí nume­rosos objetos y perspectivas: atrios erigidos para la acción, que se erguían como gigantes bajo las alas del Sueño; templos del Habla, en torno a los cuales rondaban espíritus que llora­ban desesperados o entonaban cánticos de esperanzas. Vi iglesias construidas por la fe y destruidas por la Duda. Divisé minaretes del Pensamiento, cuyas espirales emergían como brazos levantados de mendigos; vi avenidas de Deseo que se prolongaban como ríos a lo largo de los valles; almacenes de secretos custodiados por centinelas de la Ocultación, y saqueados por ladrones de la Revelación; torres poderosas erigidas por el Valor y demolidas por el Miedo; santuarios de Sueños embellecidos por el Letargo y destruidos por la Vigi­lia; débiles cabañas habitadas por la Fragilidad; mezquitas de Soledad y Abnegación; instituciones de enseñanza iluminadas por la Inteligencia y oscurecidas por la Ignorancia; tabernas del Amor, en que se emborrachaban los enamorados, y el Despojo se mofaba de ellos, teatros en cuyos tablados la Vida desarrollaba su comedia, y la Muerte ponía el colofón a las tragedias de la Vida.
Tal es la llamada Ciudad del Pasado -aparentemente muy lejos, pero en realidad, muy cerca- visible apenas a través de los crespones tenebrosos de las nubes.
Entonces la Vida me hizo una señal, mientras me decía:
-Sígueme. Nos hemos detenido demasiado aquí.
-¿Adónde vamos, Vida? -le pregunté.
Y la vida me dijo:
-Vamos a la Ciudad del Futuro.
-Ten piedad de mí, Vida -le repuse-. Estoy cansado, tengo los pies doloridos y la fuerza me abandona.
Pero la Vida insistió:
-Adelante, amigo mío. Detenerse es cobardía. Quedarse para siempre contemplando la Ciudad del Pasado es Locura. Mira, la Ciudad del Futuro está ya a la vista... invitándonos.




ALGO QUE SIENTO Y COMPARTO…
 



Rompiendo con viejos estilos, viejas formas de terapias en lo que quizás valía el sentirse uno en un millón, considero que el hoy, el aquí y ahora es el momento de empezar, de atreverse quizás a otra cosa; por eso estamos creo ante la inquietud de hacer otra cosa, porque algo de nuestra vida anterior no cerraba del todo es que propongo salir del anonimato, de ese estado donde somos y no somos en pensamiento, sentimiento y en el todo…

Se trata de atreverse a más, a sentir que nuestra presencia vale, que nuestra historia no fue tan al cuete y que podemos enseñar algo o compartir parte de nuestra existencia a otro desconocido pero que comparte muchas de nuestras preocupaciones o el mismo camino hacia la felicidad…

En este espacio, raro, novedoso, virtual o no, necesita que cada uno de nuestras vidas exprese sus inquietudes en un espacio sin prejuicios, sin preocupaciones por opiniones de otros, tan solo lo que uno quiere para uno y para un mundo mejor…

¿cómo es esto de compartir? Simple, sencillo, humilde, auténtico y con amor por el prójimo… Sabiendo que todos tenemos un conocimiento, una misión, un camino que por momentos se acerca a los de los otros pero que también se aleja… y sin embargo se comparte la iniciativa del explorador, del curioso, del que se pregunta y se replantea algo… todos tenemos algo para compartir, una sabiduría misterioso que traemos y que debemos transmitirles a otros… o que sea compartir nuestros errores para que otros menos iluminados transiten los caminos con menos consecuencias.

Las emociones en todos son las mismas, las compartimos, las sentimos mas o menos iguales, lo que quizás nos nubla demasiado son los pensamientos, esos que funcionan tan automáticamente que a veces no nos damos cuenta que son prácticamente independientes a nuestros deseos…



NUNCA TE QUEJES



Nunca te quejes de nadie, ni de nada,
porque fundamentalmente tú has hecho
lo que querías en tu vida.
Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo…
y el valor de empezar corrigiéndote.
El triunfo del verdadero hombre
surge de las cenizas de su error.
Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,
enfréntala con valor y acéptala.
De una manera u otra es el resultado de tus actos
y prueba de que tú siempre has de ganar.
No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro,
acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado
así como la causa de tu futuro será tu presente.
Aprende de los audaces, de los fuertes,
de quien no acepta situaciones,
de quien vivirá a pesar de todo,
piensa menos en tus problemas
y más en tu trabajo
y tus problemas sin eliminarlos morirán.
Aprende a nacer desde el dolor
y a ser más grande que el más grande de los obstáculos,
mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte
y dejarás de ser un títere de las circunstancias,
porque tú mismo eres tu destino.
Levántate y mira el sol por las mañanas
y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de tu vida,
decídete y triunfarás en la vida;
nunca pienses en la suerte,
porque la suerte es:
el pretexto de los fracasados“.
PABLO NERUDA
EL CACHARRO HIRVIENDO

Un esfuerzo por reformar la sociedad que no está unido a un esfuerzo igual por desarrollar nuestro yo espiritual no puede traer resultados duraderos. Es como intentar enfriar un cacharro de sopa hirviendo simplemente dándole vueltas, ignorando la leña que arde debajo.”
Parábola Budista

                                                            


LA SEMILLA

Semillas  Encarnación Las puertas están abiertas, como mi boca, como mi alma, como mi ser. Llegaste hasta acá fértil y deseos@ de ...