jueves, 26 de abril de 2012


El ego y sus roles

Muchos autores han escrito sobre el ego y lo han definido en general como la forma en que los seres humanos nos mostramos ante el mundo. La Dra. Joan Borysenko, en su libro “Cómo alcanzar el bienestar físico y emocional mediante el poder de la mente” define al ego como: “…una identidad que hemos creado para nosotros mismos con el ánimo de sentirnos seguros y protegidos,…una máscara que se exhibe ante el mundo, nos protege contra nuestros tremores condicionados.” Y explica que “...los muros del ego crean más dolor del que evitan” y que “El desarrollo personal exige que primero se forme un ego, para luego comprenderlo y por último trascenderlo”

Estos conceptos en realidad no contradicen lo que muchos Maestros desde la antigüedad han intentado decirnos: que el ego (en su forma de “personalidad” según lo definen algunos) hace parte natural de nuestra vida y que el objetivo de la evolución no es desecharlo sino integrarlo de manera que nos sea útil en la tarea de aprender a reconocer a nuestra Alma o como la llaman algunos “Ego real o superior”, tarea que requiere tiempo y aprendizajes a veces dolorosos.

Teniendo en cuenta el principio de que “Todo es mente”, tal como se explica en el Kybalión, y apoyados en estos conceptos definimos al “Ego” como una proyección mental del Espíritu que permite a cada Ser Humano reconocerse como identidad individual y separada de otros seres. No lo catalogamos como negativo ni nefasto, sino como parte del plan evolutivo, como un mecanismo de la vida para lograr de manera paulatina esa Conciencia Espiritual, la cual comienza previamente con el autoconocimiento y la identificación con lo que tenemos y somos capaces de hacer. Este último es el impulso del su reflejo en el plano físico: el ego inferior, una marcada necesidad de control.

Cuando la Conciencia Espiritual es incipiente, inmadura o poco evolucionada, vemos de manera confusa a nuestro verdadero Yo y lo asociamos a nuestros atributos, desde sentirnos un cuerpo físico (algunos creen ser solo eso) hasta vernos solo como mentes, cuando en realidad todo ello tiene su origen en el Espíritu. En esto consiste la aventura de la evolución: el logro progresivo de irnos reconociendo, durante un largo recorrido de sucesivas vidas, identificándonos inicialmente con nuestra máscara (ego inferior o ilusorio), luego con nuestra Alma (Ego Real) hasta, finalmente, lograr Ser y sentirnos Espíritus poseedores de todo ello. El Ego es la identidad que utiliza sus atributos como palanca de trascendencia para llegar al Espíritu que es la Esencia de lo que somos.
Y ¿qué son, entonces, los “roles”? Siguen siendo proyecciones mentales de esa identidad pero de manera múltiple y distorsionada. Así como no es lo mismo para nadar, usar un traje de baño y una máscara, a usar un pesado traje de buzo; se vuelve igualmente pesada la vida cuando nadamos en ella en medio de múltiples máscaras distorsionadas de nuestra personalidad.

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